Historia
Historia del tema
Las personas siempre han querido saber qué pasa más allá de su calle. Lo que ha cambiado es otra cosa: con qué rapidez llega el mensaje al lector, quién decide qué se le muestra y cuántos mensajes así llegan cada día. Una breve cronología ayuda a ver por qué hoy hay tantas noticias y por qué necesitamos nuestra propia rutina con ellas.
Antes había que ir a buscar la noticia. Ahora llega sola, y somos nosotros quienes decidimos si dejarla entrar.
Cronología
- Antes del siglo XVII
Las noticias circulan en hojas manuscritas y cartas: mercaderes y viajeros cuentan lo que han visto y oído en otras ciudades. Comprobar esas noticias es casi imposible.
- 1605
En Estrasburgo empieza a publicarse «Relation», considerada el primer periódico impreso regular de Europa. Por primera vez, las noticias llegan al lector con una periodicidad fija.
- Siglo XIX
El telégrafo permite transmitir mensajes a grandes distancias en minutos. Los periódicos reciben noticias de lugares lejanos más rápido de lo que antes llegaban las cartas.
- Siglo XX
La radio y después la televisión llevan las noticias directamente a casa. Los informativos se emiten a horas fijas, y el oyente o el espectador decide si encender el aparato.
- Siglo XXI
Los feeds en internet se actualizan sin parar. Los mensajes llegan en notificaciones, los reenvían los conocidos y el orden en que se muestran lo deciden cada vez más los algoritmos de recomendación.
Qué cambia cuando las noticias llegan solas
Mientras el periódico salía una vez al día o a la semana, la lectura tenía límites naturales: el número se acababa y hasta el siguiente quedaba tiempo para pensar. Un informativo de radio o de televisión también tenía principio y final. El feed funciona de otro modo: no tiene última página, y pararse depende de uno mismo.
El segundo cambio afecta a quién selecciona los mensajes. Antes lo hacía el editor del informativo; ahora buena parte del trabajo la realiza un programa que se adapta a aquello en lo que te detienes. No te desea ningún mal, pero tampoco tiene en cuenta tu tranquilidad: lo que le importa es que sigas deslizando.
El tercer cambio es la velocidad con que se reescribe la información. Un mensaje sobre cualquier hecho, por ejemplo un calor récord o un resultado inesperado en un partido, puede pasar en una hora por decenas de reenvíos. Con cada uno cambia un poco, y lo que te llega quizá ya no sea el hecho, sino la impresión de otra persona sobre él.
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